lunes 26 de febrero de 2007

Roma

Digamos que esta vez, fue casi sin querer, ya que como todos los caminos conducen a Roma, tarde o temprano teníamos que terminar ahí…

Salimos de Bérgamo el viernes a la noche y llegamos al aeropuerto de Ciampino con algo de retraso. Nos tomamos el transfer y en 30 minutos estábamos en la estación de trenes de
Roma. Caminamos unas cuadras y pasamos por la Piazza della Repubblica, donde tímidamente sacamos un par de fotos a la fuente iluminada, ya que teníamos miedo de que en un par de minutos nos quedáramos sin cámara. Finalmente llegamos al Nazional Rooms, una mezcla de italiano e inglés que no se termina de entender, al igual que la entrada del hotel, donde nos quedamos inmóviles por unos segundos hasta que el chico que estaba al lado interrumpió nuestro asombro diciendo: “Nazional Rooms?”… “Sí”, contestamos titubeando. El hotel quedaba en el cuarto piso de un edificio que exhibe miles de pelucas en maniquíes que están en la entrada y en el primer piso. Al igual que en París, nos preguntábamos dónde habríamos ido a parar… “Español?”, dijo el pibe mientras abría la puerta. “Sí”… “De dónde son?”… “De Argentina. Vos?”… “De Colombia”. No había ascensor, así que tuvimos que subir 84 escalones (contados, obviamente, por el ingeniero!) para llegar hasta el cuarto piso. Por suerte, es verdad que las apariencias engañan y tanto el hotel como la atención resultaron excelentes. Teníamos mapas de la ciudad, tele, DVD con películas, heladera y baño privado. El desayuno se tomaba en un bar, a la vuelta: café a elección, jugo de naranja y un corneto o brioche (medialuna gigante). Además, el colombiano deja su celular a disposición las 24hs, por si algún cliente tiene cualquier tipo de inconvenientes. Ah! Me olvidaba! También había una canastita llena de caramelos, cerca de la recepción. No sé por qué, pero cada vez que pasábamos, la canastita quedaba casi vacía!
Superado lo de las pelucas y la escalinata, nos fuimos a dormir. Al día siguiente, nos levantamos temprano para empezar nuestra travesía…



Breve historia de la ciudad

Roma está emplazada sobre el río Tíber (fiume Tebere), a 20 km del mar Tirreno.
Cuenta la leyenda que Rómulo y Remo, hijos de Marte, fueron abandonados al nacer y puestos en una canasta en el Tíber, donde la loba Luperca los amamantó y así sobrevivieron. Al crecer, tras una disputa sobre el nombre de la ciudad que querían fundar, Rómulo mató a Remo y fundó Roma en el año 753 a.C. La ciudad fue construida sobre siete colinas: los Montes Palatino, Capitolino, Aventino, Celio, Esquilino, Viminal y Quirinal. En la época de Augusto, se construyeron templos y monumentos que más tarde fueron arrazados por el gran incendio de Roma provocado por Nerón en al año 64. Este emperador se encargó de la reconstrucción que luego fue continuada por sus sucesores.


Por la Fontana hacia la Antigua Roma

Después de desayunar, enfilamos directo hacia la Fontana de Trevi. Tomamos la Via delle Quattro Fontane y nos encontramos, obviamente, con las cuatro fuentes que acompañan a la iglesia de San Carlo alle Quattro Fontane, reconstruida en el siglo XVII por Francesco Borromini, en honor a San Carlo de Borromeo. Seguimos por la Via del Quirinale hasta la Casa del Presidente, el Palazzo del Quirinale, y después de sacar un par de fotos, continuamos nuestro viaje hasta llegar a la gran fuente.

La Fontana de Trevi es la mayor (25,9 m de alto y 19,8 m de ancho) fuente barroca de Roma. Fue realizada en el siglo XVIII (1732 – 1762) por el arquitecto Nicola Salvi y debe su nombre a la
localización de la fuente, situada en la convergencia de tres calles (tre vie) que marcan el punto final del antiguo acueducto Acqua Virgo. En el centro se encuentra el Neptuno de Pietro Bracci, con dos caballos de mar a los costados. La Abundancia, a la derecha de Neptuno, vierte agua de su urna, mientras la Salud, a su izquierda, sostiene una copa de la que bebe una serpiente.


Se dice que durante la construcción de la fuente, un barbero criticó el proyecto desde su tienda, pero a cambio, no sólo vio la gran obra de arte finalizada, sino que también recibió una lección al quedar tapado el cartel y la vista de su barbería por un adorno de la balaustrada en forma de jabonera de barbero, detalle que llegó a realizar Salvi antes de su muerte, en 1751. Nueve años más tarde, la fuente fue terminada por Giuseppe Pannini.

A raíz de la película Tres Monedas en la Fuente, surge la leyenda urbana de que tirar en el agua tres monedas con la mano derecha sobre el hombro izquierdo, trae suerte. Hoy en día, la costumbre es arrojar una y se dice que esto asegura el regreso a Roma. Pero, qué pasa con las otras monedas?... La segunda promete que te enamores de un romano (o romana) y la tercera (creada especialmente para solteras desesperadas), que te cases con él (o ella) en Roma. Obviamente, nosotros sólo tiramos una!!

Tuvimos que hacer un gran esfuerzo para dejar la fuente, pero sabíamos que más adelante nos esperaba el Coliseo. Yendo por la Via del Corso, se llega hasta Piazza Venezia, donde se encuentran el gran monumento de Vittorio Emanuele II (el “Vittoriano”) y la tumba del soldado desconocido. Como regla, está prohibido sentarse, y los vigilantes hacen que esto se cumpla a rajatabla.




Vittorio Emanuele aparece en todas partes y no es para menos, ya q
ue Vittorio Emanuele Maria Alberto Eugenio Ferdinando Tommaso di Savoia-Carignano (no tenía nombre!!) fue el último rey de Cerdeña-Piamonte (herencia de su padre) y el primero de Italia al crecer Piamonte hasta incluir este país, proceso conocido como Unificación Italiana. Como anécdota pocket, Rodrigo, al ver el monumento, expresó que seguramente Víctor era algún San Martín…


Al lado del Vittoriano, comienza la parte de la ciudad que conserva la Roma Antigua, comprendida por los Foros Romanos, el Coliseo y el Monte Palatino.






Partiendo desde el monumento y yendo por la Via dei Fori Imperiali (calle de los Foros Imperiales) hacia el Coliseo, se ve a la derecha el Foro Romano, centro de la vida pública de Roma, donde se desarrollaban las actividades políticas, religiosas y comerciales. Todas las guías que leímos nos advirtieron que para visitar esta zona histórica, había que dotarse de una gran imaginación. Y no es para menos, ya que sólo quedan las ruinas de las grandes construcciones de la época, como basílicas, templos, arcos triunfales, monumentos y esculturas. Por ejemplo, del famoso Foro de César, sólo permanecen tres columnas sobre una plataforma elevada. Hacia la izquierda de la Via, también se obervan las ruinas del conjunto de foros conocidos como Foros Imperiales, construidos por los emperadores Trajano, Augusto, César, Nerva y Vespasiano entre los años 42 a.C. y 112 d.C. Gran parte de esta zona quedó cubierta en 1933, cuando Mussolini construyó la calle de los Foros Imperiales para unir la Piazza Venezia con el Coliseo.
Los Mercati di Traiano (Mercados de Trajano), al lado del foro que lleva el mismo nombre, se mantienen bastante conservados. Se trata de una construcción semicircular de tres plantas, que albergaba tiendas y talleres artesanales. La Columna Traiana fue erigida para conmemorar las victorias de Trajano en Dacia (actual Rumania) y tiene una franja espiral de relieves que representan las batallas contra los ejércitos dacios. Es curioso ver una imagen de San Pedro al final de la columna, pero la misma sustituyó a la antigua estatua dorada de Trajano cuando ésta desapareció en la Edad Media.

Antes de ingresar en los foros, visitamos el lugar donde los gladiadores se enfrentaban a muerte y los prisioneros luchaban contra los leones: el Colosseo Romano, antiguamente conocido como el Anfiteatro Flavio, en honor a la dinastía Flavia que gobernaba en ese entonces. El nombre medieval de Coliseo hace referencia al Colosso di Nerone, una estatua gigante de Nerón que se encontraba cerca del lugar. En él caben 50000 personas y aunque seguramente fue la arena más temida de Roma, no fue por cierto la más grande, ya que en el Circo Massimo cabían hasta 200000.


El Coliseo fue construido por el emperador Vespasiano en los terrenos de la Domus Aurea, el Palacio de Nerón; pero su inauguración se llevó a cabo en el año 80, durante el mandato de su hijo, Tito, luego de 8 años de trabajo. La misma se realizó con unos festejos que duraron 100 días, con cacerías de fieras por la mañana, ejecuciones de condenados al mediodía y combates de gladiadores por la tarde. Qué programón, eh!!!

Lo que llama la atención es la construcción del anfiteatro. Los muros exteriores tienen tres niveles de arcos articulados por columnas, y en los nichos del segundo y tercer piso, antiguamente se alzaban estatuas de mármol. El nivel superior tenía soportes para 240 mástiles que sostenían un toldo por encima de la arena para proteger a los espectadores del sol y de la lluvia. Los 80 arcos de entrada, conocidos en conjunto como la vomitoria, permitían que el público entrara y saliera en pocos minutos.


El interior del Coliseo se dividía en tres partes: la arena, la cavea y el podium. La arena consistía en un suelo de madera cubierto por arena para evitar que los luchadores se resbalaran y para absorber la sangre derramada. Por debajo se encontraban los pasillos y cámaras subterráneas, desde donde se izaban, mediante un sistema complejo de poleas, las jaulas con los animales y las escenografías para las batallas. En la cavea se sentaban los espectadores: los caballeros en la parte inferior, los ciudadanos ricos en el medio y la plebe en el nivel superior. Por último, el podium era una amplia terraza delante de las gradas, reservada para los emperadores, senadores y otras personalidades.

Luego de la caída del Imperio en el siglo VI, el Coliseo quedó abandonado y comenzaron a crecer plantas exóticas a partir de las semillas traídas por animales de África y Asia. En la Edad Media fue utilizado como fortaleza por las familias Frangipani y Annibaldi. Tras los años, el Coliseo resultó dañado por terremotos y fue utilizado como cantera de piedra y mármol.


Cuando estábamos saliendo del Coliseo, nos encontramos con unas placas de mármol que contenían una cruz y la siguiente inscripción: "Baciando la Santa Croce si acquista un anno e XL giorni di indulgenza"... Bezando la Santa Cruz se adquiere un año y 40 días de indulgencia. Obviamente, no pudimos irnos sin hacer el intento (repetidas veces, por supuesto!).














Inmediatamente al lado del Coliseo, se encuentra el Arco de Constantino (foto), construido en su honor después de su victoria sobre Majencio en el año 312. Entrando en los foros, está el Arco de Tito, otro arco de triunfo construido luego de su muerte y que conmemora las numerosas victorias del emperador contra los judíos.



Después de recorrer las ruinas romanas, nos dirigimos al Monte Palatino, donde Rómulo mató a Remo y fundó Roma. En este monte se construyeron palacios, iglesias, castillos y jardines a través de los años, pero actualmente sólo se pueden apreciar las ruinas. Acá tuvimos que hacer una parada para descansar un rato, pero sólo nos tomamos veinte minutos, porque todavía nos quedaba mucho por recorrer.




Saliendo de los foros, detrás del Vittoriano, está la Piazza del Campidoglio, que se alza sobre el Monte Capitolino. Diseñada por Miguel Ángel en 1538 y rodeada por tres palacios: Nuovo, Conservatori y Senatorio. Su orientación indica la evolución de la ciudad, ya que da la espalda a los vestigios de la antigua Roma y mira hacia la “nueva sede del poder”: el Vaticano.


Desde Piazza Venezia hacia el oeste

Arrancando desde Piazza Venezia, por Corso Vittorio Emanuele, emprendimos nuestro segundo recorrido hacia el oeste, pasando por el Palazzo Venezia y la Chiesa di Gesú (Iglesia de Jesús), la primera iglesia jesuita de Roma construida entre 1551 y 1584. Esta ciudad está plagada de iglesias, pero la Chiesa del Gesú merece una particular atención, ya que de verdad es asombroso ver el fresco de la bóveda pintado por Giovanni Battista Gaulli, donde utiliza la perspectiva de manera que parece que las figuras caen de la bóveda al techo.



Desde la Chiesa nos dirigimos hacia el Panteón, con una parada previa en la Piazza di Minerva para ver el Elefantino de Bernini, una escultura de un elefante que sostiene un obelisco egipcio del siglo VI a.C. Si han leído Angeles y Demonios, comprenderán por qué tanto asombro por un elefante y un obelisco…

El Panteón es un templo dedicado en principio a todos los dioses (Pan: todos, Theos: Dios) y que posteriormente se convirtió en iglesia cristiana desde el año 608. La cúpula es una semiesfera perfecta, con un diámetro igual a su altura (43,3m) y una abertura (oculus) de 9 m en el centro, que permite el paso tanto de la luz como de la lluvia.

En este templo se encuentran las tumbas de los reyes Vittorio Emanuele II y Humberto I, así como también la tumba del artista Rafael. En el siglo XVII, el papa Urbano VIII hizo fundir el techo de bronce del pórtico para realizar el baldaquino del altar mayor de San Pedro y 80 cañones para el Castillo Sant’Angelo. Por suerte, dejó las puertas de bronce de la entrada.
Quisimos pasar a conocerlo por dentro, pero como había misa, seguimos viaje y volvimos más tarde.

Continuamos hacia el oeste, pasando por el Palazzo Madama, construido por los Medicis y actual sede del Senado. Estaba empezando a caer la tarde cuando llegamos a Piazza Navona, que debe su forma alargada al hecho de que está emplazada sobre un antiguo estadio destinado a las competiciones deportivas. Durante casi 300 años, fue el principal mercado de la ciudad. Destaca la Fuente de los Cuatro Ríos (Fontana dei Quattro Fiumi) de Bernini, que representa los grandes ríos de la época de los cuatro continentes: el Río de La Plata, el Danubio, el Ganges y el Nilo. Este último se cubre el rostro indicando el misterio de su origen. Según una leyenda, el Nilo se tapa los ojos para no ver la Chiesa di Sant’Agnese in Agone (Iglesia de Santa Inés en Agonía), diseñada por el rival de Bernini, Borromini. Pero esto es imposible, ya que Bernini concluyó su obra dos años antes de que se iniciaran las obras de la fachada de la iglesia.



Lamentablemente, la fuente estaba en reparación, así que entre andamios, vidrios y trapos, logramos sacar un par de fotos y admirar una pequeñísima parte de esta obra.
Las otras dos fuentes que se encuentran son la de Neptuno, al norte, y la Fontana del Moro, al sur. El principal edificio de la plaza es el Palazzo Pamphilj, que fue construido en el siglo XVII para el papa Inocencio X y hoy es sede de la embajada de Brasil.

Yendo hacia el sur, se encuentra el Campo dei Fiori (Campo de las Flores), una plaza que debe su nombre al hecho de que la misma fue construida sobre un campo florido. Antiguamente, era un mercado de caballos, y con el tiempo surgen locales, albergues y talleres de artesanos. En el centro se encuenta un monumento a Giordano Bruno, un monje quemado por hereje en la hoguera en esta misma plaza, en el año 1600.


Vuelta hacia el hotel

Comenzamos a emprender nuestro regreso e hicimos paso obligado por el Panteón. En el camino pasamos por la Piazza Largo di Torre Argentina, donde se encuentra el Area Sacra, con las ruinas de cuatro templos del siglo III y IV a.C. El nombre deriva de la ciudad de Strasbourg, que aunque no me crean, originariamente se llamaba Argentoratum. Acá sacamos fotos a todo lo que dijera “Argentina” porque nos hacía acordar a casa!

Finalmente, llegamos nuevamente al Panteón, donde además de ver todo su interior, pudimos mirar la luna a través del oculus (foto). Descansamos en los escalones de la fuente que se encuentra afuera y nos cruzamos con un grupo de Hare Krishnas que venían bailando desde hacía varias cuadras. Parecía que nos estaban persiguiendo a todas partes!

A ver si descubren dónde está Rodrigo!!


Agotados por nuestra travesía, decidimos hacer un esfuerzo y volver a la Fontana de Trevi para verla de noche. Esta vez, estaba colmada de gente, pero pudimos verla sin problemas. Hace falta que les diga que nos encantó?...


Con la noche a cuestas y destrozados por la larga caminata, volvimos al hotel para descansar y reponer energías. Teníamos en mente regresar más tarde al Coliseo para verlo iluminado. Nos desplomamos a las 19hs y de pronto me desperté con una voz familiar, pero que me hablaba en italiano. “Senti, senti!”, mientras me mostraba el reloj… Tardé en caer que era Rodrigo, que me decía que era tarde y me preguntaba qué íbamos a hacer. Le pregunté por qué me hablaba en italiano, pero me callaba e insistía, así que como igual lo entendía, dejé que terminara y decidimos seguir durmiendo hasta el día siguiente.

Cabe aclarar que esta escena se repite en forma cotidiana cada vez que termina el día y Rodri llega a casa destruido. En estas últimas semanas se volvió contagioso, y cuando estamos cansados mandamos algunas palabras en italiano, ya que en castellano nos implica pensar demasiado…



DOMINGO

Café con leche, una medialuna y un vaso de jugo de naranja. En diez minutos terminamos nuestro desayuno y nos tomamos el colectivo que iba hasta la Piazza San Pedro. Entramos en el Estado del Vaticano y sólo se veían colas de gente esperando para entrar a la Iglesia y a la Capilla Sixtina. Teníamos planeado ver la Capilla primero, pero ya eran las 9 hs, había más de 3 hs de cola y a las 12 hs cerraban la entrada. Me resistí a pensar que no iba a poder conocer la gran obra de Miguel Ángel del Juicio Final, pero tuve que aceptarlo para poder disfrutar de todo lo que me quedaba por conocer. Así que hicimos la fila para entrar a la Basílica y no salimos hasta que pasaron más de 5hs.

El Estado de la Ciudad del Vaticano tiene una superficie de 0,439 km2 y su población no supera los 1000 habitantes, de manera que se trata del estado más pequeño y menos poblado del mundo. A raíz del pacto de Letrán de 1929, firmado entre Mussolini y Pío XI, la ciudad se reconoce como estado y se establece así la independencia del papa.
A pesar de su limitada extensión, el Vaticano cuenta con sus propios sellos y monedas, medios de comunicación (periódico, emisoras de radio y televisión), fundaciones, academias, universidades, y hasta una selección de fútbol no asociado a la FIFA que, obviamente, juega partidos amistosos! En realidad, hasta el momento, el equipo jugó dos partidos internacionales, uno con San Marino en 1994 y el otro con Mónaco en 2002, con quienes empataron sin meter goles. El equipo está formado por voluntarios de la Guardia Suiza, miembros del Consejo Papal y guardias de los museos. El estadio oficial es el Pio XII y se encuentra en la ciudad de Roma.


Si a alguien esto le parece sorprendente, no van a poder creer que el Vaticano cuenta también con su propio libro de cocina que fue publicado en noviembre de 2006, con una colección de recetas que abarcan desde la mismísima Última Cena hasta el menú austero de Juan Pablo II. El libro cuenta además algunos datos curiosos sobre los orígenes de recetas que se inventaron en el Vaticano, como la salsa verde (salsa vaticana), la salsa carmelita o la cocción a baño María.

La Guardia Suiza es la responsable de la seguridad y fue fundada bajo el pontificado de Julio II en 1505, ante la necesidad de que existiera un cuerpo militar que protegiera al papa. La elección se hizo en base a la reputación que habían logrado en ese entonces los mercenarios suizos durante las guerras de Borgoña. Como si la cosa no estuviera difícil hoy en día para conseguir pareja, estos cien muchachos tienen que cumplir con los siguientes requisitos: SOLTEROS entre 19 y 30 años, más de 1,74 m de altura, educados en la fe católica, con instrucción básica en el Ejército Suizo. Su vestimenta en rojo, amarillo y azul, fue diseñada por Miguel Ángel, con algunos retoques que se agregaron en el siglo XX por el Comandante de la Guardia Júles Repond.

En cuanto al gobierno y la política, el papa es cabeza de la Iglesia y a la vez Jefe de Estado. Esto convierte al Vaticano en el único estado europeo que cuenta con una monarquía electiva teocrática. La elección del papa corresponde al Sacro Colegio Cardenalicio, una institución no electa que está compuesta por miembros designados por el Sumo Pontífice. La misma se lleva a cabo según las disposiciones de la Constitución Apostólica promulgada por Juan Pablo II en 1996, donde se restringe el método de elección, eliminando la vieja forma de aclamación y compromiso, y dejando sólo la elección por escrutinio. El segundo cargo del gobierno está al mando del Secretario de Estado, que actualmente es el Cardenal Tarcisio Bertone. Por último, los órganos vicarios ejercitan las clásicas funciones de los poderes ejecutivo, judicial y legislativo.


Como les conté antes, entramos primero a la Basílica de San Pedro. Inicialmente fue construida en el siglo IV por Constantino (primer emperador cristiano de Roma) sobre el estadio de Nerón (el Ager Vaticanus), donde se cree que San Pedro fur martirizado y enterrado entre los años 65 y 67. Luego de más de mil años, comenzaron las reconstrucciones que tardaron más de 150 años en finalizarse. La cúpula fue diseñada por Miguel Ángel, mientras que la fachada, el pórtico y la transformación de cruz griega a latina son obra de Maderno, que asumió el proyecto al fallecer Miguel Ángel. El interior está decorado por Bernini y Giacomo della Porta y puede albergar 60000 personas. A la derecha de la entrada está la Piedad, única obra firmada por Miguel Ángel que realizó cuando sólo tenía 25 años. Del mismo lado, yendo hacia el altar, se encuentra la estatua de bronce de San Pedro, que se cree que fue hecha por Arnolfo di Cambio en el siglo XIII. Es tradición tocarle el pie derecho, que está totalmente liso y sin dedos, por el roce de las manos de los visitantes. Como en ese momento no sabía cuál era el pie indicado (el izquierdo también está desgastado), le toqué los dos pies, por las dudas…












Adelante, en el centro de la iglesia, está el baldaquino de 29 m realizado por Bernini con bronce extraído del Panteón, sostenido por cuatro columnas en espiral y coronando el altar mayor, situado a su vez sobre la tumba de San Pedro. Por encima del baldaquino, se alza la cúpula de Miguel Ángel, con una inscripción en la base: TV ES PETRVS ET SVPER HANC PETRAM ÆDIFICABO ECCLESIAM MEAM ET TIBI DABO CLAVES REGNI CÆLORVM ("Tú eres Pedro, y sobre esta Piedra edificaré mi Iglesia, y te daré las llaves del Reino de los Cielos"). Las letras miden 2 metros de altura.

Después de estar un buen tiempo con la cabeza hacia arriba, asombrados por la grandeza y la cantidad de arte que tiene la basílica, salimos para dirigirnos hacia la gran cúpula. Nos tentamos en tomar el ascensor hasta la mitad del recorrido, pero finalmente decidimos subir los 520 escalones. Lo recomiendo, porque la experiencia es buenísima… El último tramo es muyyyyy angosto, curvo e inclinado, ya que las paredes adoptan la forma de la cúpula. Al final del camino, la escalera esse vuelve extremadamente angosta y empinada, es como si uno girase sobre sí mismo! Al salir se respira el aire fresco que te faltó en todo el recorrido y se aprecia una vista única, con la Plaza de San Pedro realizada por Bernini como principal atracción, rodeada por dos columnatas semicirculares formadas por cuatro hileras de columnas. En el centro se alza un obelisco egipcio que Calígula trajo de Heliópolis.


Emprendimos el regreso, con una parada en la terraza para almorzar, desde donde se ven las espaldas de las estatuas que decoran la parte más alta de la fachada. Nos encontramos con que no están terminadas, ya que sólo está trabajada la piedra que da al frente. Son esos pequeños detalles que desde abajo y a tantos metros de distancia, no se notan…

Por último, visitamos las grutas vaticanas, donde se encuentran las tumbas de los papas, entre ellas la de Juan Pablo II, y la tumba de San Pedro.

Y nos tuvimos que ir, porque todavía nos faltaba conocer más!...
La zona entre el Vaticano y el río Tíber se conoce como Borgo y su principal atracción es el Castelo Sant’Angelo, antiguo mausoleo del emperador Adriano, que fue convertido en fortaleza por los papas del siglo VI. El Papa Gregorio Magno lo bautizó con este nombre después de haber tenido una visión de un ángel sobre el edificio, anunciando la finalización de una plaga en Roma. El castillo fue unido a los palacios vaticanos en 1277, creando un pasadizo que a menudo era utilizado por los papas para huir en momentos de peligro. En el siglo XVI, Carlos V saqueó Roma y miles de personas vivieron en la fortaleza durante meses.


Acá encontramos, al igual que en el resto de Italia, los vendedores ambulantes que no tienen permiso para la venta. El tema es así… Llevan una gran sábana blanca donde apoyan los productos, que en general son imitaciones de carteras de marca, cinturones y algunos souvenirs de la ciudad. Apenas llega la policía, levantan todo de un saque y salen corriendo con la gran bolsa blanca en sus espaldas. Mientras no los agarren con las cosas apoyadas en el suelo, no les pueden decir nada; pero si agarran a algún turista comprando sus productos, le ponen multa!!! Es increíble! De pronto nos vimos envueltos en un mar de sábanas que huían y un auto de la policía que andaba como loco persiguiéndolos.



Después de ver el castillo, cruzamos el Tíber por el Ponte Sant’Angelo, construido por Adriano en 136 a.C. para facilitar el acceso a su castillo. El puente tuvo que ser reconstruido en 1450 luego de que se hundió y Bernini y sus discípulos se encargaron de esculpir los ángeles que forman parte de la decoración.

Caminamos por el río en dirección a la famosa Piazza del Popolo (Plaza del Pueblo), pasando por el Ponte Umberto I, desde donde se ve el Palazzo di Giustizia, y el Ponte Cavour, ex ministro que estuvo ligado a Vittorio Emanuele. La plaza se halla en la confluencia de tres calles, formando un tridente en lo
que fue la entrada Norte de Roma. En el centro, se alza un obelisco egipcio traído por Augusto desde Heliópolis y trasladado desde el Circo Massimo a mediados del siglo XVI. Se destacan dos iglesias conocidas como las iglesias gemelas, aunque si se observan con detenimiento, éstas rompen la simetría para mantener el estilo barroco. Son la Santa Maria dei Miracoli (de los Milagros) y Santa Maria in Montesanto, empezadas por Rinaldi y completadas por Bernini y Fontana en el siglo XVII. También se encuentra la Chiesa di Santa Maria del Popolo, construida en el año 1099 para combatir al fantasma de Nerón, enterrado en este lugar y que se creía que aparecía por la zona. Tiene dos capillas: la Cappella Chigi, realizada por Rafael y terminada por Bernini 100 años más tarde, donde se halla el famoso mosaico de un esqueleto arrodillado; y la Cappella Cerasi, con cuadros de Caravaggio (La conversión de San Pablo y La crucifixión de San Pedro).




Nos faltaba conocer una plaza, famosa hoy en día por el uso de su escalinata como pasarela de moda: la Piazza di Spagna, que toma su nombre de la embajada española. La escalinata de 135 escalones, fue realizada en 1725 y financiada por Francia para terminar con la rivalidad y conectar la zona española con la francesa, en la parte alta, donde se halla la iglesia Trinità dei Monti. Al pie de las escaleras se encuentra la Fontana della Barcaccia, realizada por Pietro Bernini y su hijo Gian Lorenzo. La misma representa una barca semihundida, solución que encontró Bernini para construir una fuente con la baja presión de agua que llegaba a esa zona a través del acueducto dell’Acqua Vergine.
Sacamos fotos bajando la escalinata y después nos sentamos para descansar, mirando hacia la calle que emerge de la fuente: la via Condotti, la más cara y prestigiosa de Roma.

Nuestros pies nos pidieron a gritos que los dejáramos en paz, así que después de caminar un rato más, nos tomamos el subte hasta Piazza della Repubblica, donde esta vez pudimos sacar un par de fotos más tranquilos y nos fuimos al hotel. Misma escena del desplome absoluto, pero después de la tremenda siesta nos levantamos, nos tomamos un cappucino con medialunas y nos fuimos hacia el Coliseo. Era increíble… No había nadie!! Nos sacamos las ganas de verlo de noche, lo recorrimos por fuera, sacamos fotos, grabamos un par de videos y como el subte estaba cerrado, nos volvimos caminando. Todo el fin de semana el tiempo estuvo amenzando con llover, pero tuvimos la suerte de que no pasaba más allá de nubarrones. Cuando estábamos llegando a la altura del Vittoriano, zas! Cayó el baldazo de agua acumulado!! Empapados, pero satisfechos por nuestra recorrida, llegamos al hotel y sonreímos al saber que era la última vez que después de una larga caminata, nos esperaban las escaleras.


A las 3:30 am emprendimos nuestro regreso a casa. Tomamos los bolsos, un par de caramelos de la famosa canastita, pasamos por la Piazza della Repubblica y llegamos cerca de la estación de tren, donde nos esperaba el micro que nos llevaría al aeropuerto. El resto es historia. Llegamos a Bérgamo pasadas las 8 hs y empezamos nuestra jornada laboral.

Si es verdad que “todos los caminos conducen a Roma”, espero que algún día puedan vivir esta experiencia y compartirla.