lunes 12 de febrero de 2007

Francia, París!

La travesía

Nos levantamos tempranísimo, a las 4 am, pero valía la pena. Nuestro destino: aeropuerto de Beauvais, Francia. Llegamos al Orio al Serio de Bergamo (el aeropuerto local) a las 5hs. Hacía un frío terrible y no encontrábamos estacionamiento. Después de andar bieeeeeeeeeeeeeeen al fondo (esto es, a la altura de un cartel que indica la próxima ciudad), dejamos el auto y caminamos de regreso, haciendo figuras con el vaporcito que salía de nuestras gargantas!!

Check-in sin problemas. El vuelo, a horario. En un poco más de una hora llegamos a Francia, que estaba cubierta de nubarrones que se desquitaban… Noooooo!!! Lluvia a pleno!! De pronto me figuré con dos probabilidades: conociendo París totalmente empapada, tratando de sacar alguna foto bajo el paraguas; o encajonada en el hotel, esperando a que baje un poco la lluvia. Pero no tuve en cuenta que cuando se habla de probabilidades, son sólo probables…

Apenas nos bajamos del avión, salimos corriendo para agarrar el primer bus que nos llevaba hasta París y en 5 minutos ya estábamos sobre las autopistas francesas. Nuestra primera comunicación fue: “English, Spanish or Italian?” y como resultó exitosa, la aplicamos en casi todos los lugares que visitamos. Lo más gracioso es que no me salía hablar en castellano ni en inglés, así que sin quererlo, me comunicaba en italiano. De a poco me fui acordando de mis viejas lecciones de francés, pero es asombroso cómo pasan (y pesan) los años!! Parecía como si nunca lo hubiera estudiado.

Después de una hora y media de viaje, por fin llegamos a París. No teníamos ni idea de dónde estaba el metro, sólo teníamos la reserva del hotel y un mapa de internet de cómo llegar al mismo.
Por suerte, había dos españoles que nos escucharon cuando nos preguntábamos para dónde arrancar y nos indicaron dónde estaba el subte. Con ellos iba un francés, al cual le habían preguntado dónde quedaba el metro, y se comunicaban entre ellos por medio de señas, hasta que el francés empezó a hablar italiano y pasamos a ser el nexo de la comunicación!


Dimos un par de vueltas y llegamos al famoso metro de París, que te lleva a cualquier parte de la ciudad con una inimaginable cantidad de combinaciones. Como niños, jugamos un ratito con el tablero que se encuentra en la entrada del subte. Al presionar el botón de destino, ilumina el recorrido más corto sobre un mapa gigante, con las distintas líneas y combinaciones.

Mapa en mano, una dirección y una incertidumbre que nos parecía divertida. Habíamos reservado el hotel más barato por Internet y nos preguntábamos si realmente existiría o si las fotos del lugar serían verdaderas! Nos bajamos en la estación de Anvers y fascinados por estar en París, caminamos en la dirección equivocada, pero finalmente llegamos al Hôtel Riviera, sobre la rue Turgot. “English, Spanish or Italian?”… El francesito eligió español cuando le dijimos que éramos de Argentina, pero insistió bastante en que así como se pueden hablar esas lenguas, también se puede aprender francés. “Claro”, le contestó Rodrigo. “Claire”, le dijo inmediatamente el francés, “ves que es fácil?”. OK, that’s it, claro, chiaro, käinen (versión argentino-alemana), claire, como digas; yo sólo quiero llegar a la habitación. “Tenemos un problema con su reserva”… Sí, puntos suspensivos!... “Qué problema?!!” (argentinos desesperados en París)… “Estas reservas están bien, pero les toca el hotel que está a unas cuadras” (4 minutos de caminata, según indicaciones francesas). Uhhhhhh… Esto es un verso! Dónde vamos a parar!! Así que después de las instrucciones multilingüísticas, nos dirigimos con nuestros paraguas abiertos hacia el Hôtel Lebron (lebronca que teníamos!). Igualito el nombre, eh! En el camino no pudo faltar la clásica de Pini para romper el hielo: “Che, y si camino más lento, llego antes?”… Doblamos en rue Lamartine y voilá!...

Había alguna que otra diferencia con el hotel anterior, pero no parecía tan malo. “English, Spanish or Italian?”… El francés no sabía cuál elegir, hasta que se decidió por una, pero no recuerdo cuál, porque a pesar de haber elegido y de habernos hablado 2 palabras en ese idioma, inmediatamente nos empezó a hablar en francés. Notamos que a estos chicos les molesta un poquito que no sepan su lengua!

La habitación no era tan mala. Un poco sucio el lugar, pero nada que espante como para dormir una noche. Tenía baño privado, televisión y una calefacción que te deshidrataba. Pero la idea era estar todo el tiempo afuera, así que dejamos nuestras cosas y volvimos al metro para dirigirnos directamente a la atracción turística más famosa: la Torre Eiffel. Antes de llegar a este tema, no quiero olvidarme de mencionar que con el paso de las horas, el recepcionista francés nos seguía hablando en su idioma, pero nosotros no nos quedábamos atrás y empezamos a hablar en lo primero que nos salía, la mayoría italiano. Y yo mandaba algunas palabras en francés, como para que entendiera que no teníamos nada en contra!!



La Tour Eiffel

Tengo que confesar que cuando vimos la torre de lejos, nos desilusionamos. Parecía una gran antena y nada más, pero a medida que nos fuimos acercando, el panorama fue cambiando y comenzó la sesión de fotos que terminó pasado el mediodía. El cielo se fue despejando de a poco y cuando nos estábamos yendo, salió el sol.


En el camino pasamos por el Hôtel des Invalides, construido en 1670 por Luis XIV como casa de convalescencia de 4000 veteranos de la guerra: los inválidos. También fue utilizado como cuartel del gobernador militar de París y como armería. Se acuerdan de la Revolución Francesa de 1789?... En esa ocasión el pueblo tomó este edificio y se abasteció de 28000 armas de fuego antes de dirigirse a la fortaleza de la Bastilla.


La Tour Eiffel fue construida por Gustave Eiffel para la Exposición Universal de 1889, al cumplirse el primer centenario de la revolución. Esta gran construcción de hierro comenzó en 1887 para llegar a una altura de 312,27 m dos años más tarde y 324 m en la actualidad, teniendo en cuenta sus antenas. Su peso es de 7300 toneladas y se encuentra iluminada por 352 proyectores de 1000 watts. De noche, cada hora, se encienden 20000 ampollas y 800 parpadeantes, algo así como una lluvia de flashes! Es algo indescriptible, que sólo entenderán cuando vean estos videos…



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En Paris Frente A La Torre Eiffel - The top video clips of the week are here


La torre fue muy criticada por artistas y literarios de la ciudad, y al igual que todos los grandes monumentos de Europa que fuimos conociendo, estuvo a punto de ser derribada en 1909, pero como los muchachos parisinos vieron que podría ser de utilidad como plataforma para las modernas antenas de transmisión, se salvó por un pelito!


L’Arc de Triomphe

Cuando comenzaba a caer la tarde, nos tomamos nuevamente el metro para bajarnos en la estación de Charles de Gaulle y así poder ver el famoso Arco del Triunfo, mandado a construir por Napoleón en 1805, luego de su victoria en la batalla Austerlitz, tras prometer a sus hombres que volverían a casa bajo los “arcos triunfales”. Fue así como el 15 de agosto de 1806 se colocó la primera piedra. El arco se encuentra sobre la Place de l’Étoile, en el extremo oeste de la avenida Champs Élysées. Mide 50 m de altura y 45 m de ancho, y posee una escultura en cada uno de los pilares: Le Triomphe (El Triunfo), La Résistance (La Resistencia), La Paix (La Paz) y La Marseillaise (La Marsellesa).
Sobre las caras internas del Arco están grabados los nombres de grandes revolucionarios y las victorias militares de Napoleón. Los muros interiores del monumento llevan inscriptos los nombres de los 558 generales del Imperio Francés, y los nombres de aquéllos que murieron en combate se encuentran subrayados.
A los pies del Arco se encuentra la Tumba del Soldado Desconocido de la Primera Guerra Mundial, con una llama constantemente encendida. Representa a todos los soldados franceses que murieron entre 1914 y 1918.

Después de admirar el arco, dimos un paseo por la avenue des Champs Élysées, la más extensa de París, la más cara de Europa y, según los franceses, la plus belle avenue du monde (la avenida más bella del mundo). Con sus 1880 m, se extiende desde el Arco del Triunfo hasta la Plaza de la Concordia, donde se encuentra el histórico obelisco egipto, otorgado a Francia en 1829.


El nombre de la avenida se refiere a los Campos Eliseos de la mitología griega, morada de los muertos que estaba reservada para las almas virtuosas; es decir, el equivalente del paraíso cristiano. Para acceder a él, primero debían beber del río Lete, que provocaba un olvido completo de lo acontecido en la tierra. Algunos griegos creían que las almas bebían de este río antes de ser reencarnadas, para así olvidarse de su vida pasada.

Camino a la Plaza de la Concordia, se encuentran el Petit Palais y el Grand Palais (el Pequeño y el Gran Palacio), que fueron construidos para la exposición de 1900 y actualmente son sede de museos. Para la misma fecha, fue construido el puente Alejandro III, que cruza el río Sena y es el más ornamentado de la ciudad. Su nombre se debe en homenaje al zar de Rusia. En 1898, su hijo Nicolás II, colocó la primera piedra de esta construcción. Siguiendo la dirección del puente, al fondo, se encuentra el Hôtel des Invalides.

Desde este puente vimos el atardecer...



Acá terminó nuestra primera recorrida. Como estábamos muy cansados, volvimos al hotel, dormimos un rato y nos levantamos para ver los grandes monumentos de noche y algo más... el famoso cabaret de París: Moulin Rouge, construido en 1889 por José Oller y que queda a tan sólo dos estaciones de donde nos bajamos del metro la primera vez. La entrada mínima cuesta 100 euros, dependiendo de qué servicios se incluyan: espectáculo, cena y... como diría Cristina Aguilera: Voulez vous coucher avec moi, ce soir?!...


Ya les conté lo alucinante que es ver la torre iluminada. Creo que no hay foto ni video que pueda transmitir lo que es estar frente a esa obra de arte transformada por las luces.
Antes de ir a la torre nos bajamos en la estación Charles de Gaulle para ver el Arco del Triunfo y sorprendentemente, no había nadie. Lo que pasa es que de noche, el acceso al arco se cierra, pero eso no impide poder mirarlo desde la vereda de enfrente.
Como dato curioso, luego de la una de la mañana, cuando se enciende el último juego de flashes de la torre Eiffel, las luces de los monumentos se apagan y sólo quedan unos faroles encendidos que iluminan la torre desde abajo. La sensación de ese momento es como cuando uno va a un recital y de pronto, el show se acaba y te queda un dejo de nostalgia en el alma…


Bonjour, Paris!!!

Cómo explicar lo que nos costó levantarnos al día siguiente! Nos habíamos acostado a las 2 am con la sonrisa de la noche parisina, pero con las piernas que nos hacían recordar que habían pasado ya unos cuántos años desde aquellas salidas adolescentes, donde no existe horario que te derrote.

Empezamos el día con un buen desayuno: café, jugo de naranja, yogur, pan, mermelada y la gigantesca croissant. Luego de reponer energías, nos dirigimos hacia la Basilique du Sacré Coeur de Montmartre (Basílica del Sagrado Corazón), que quedaba a unas cuadras del hotel. Esta basílica se encuentra en la Montaña de Montmartre, a la cual se puede acceder por medio del funicular (que actualmente no funciona) o a pie (una buena opción para comenzar el día). Montmartre significa “montaña de los mártires” y debe su nombre a San Denis (primer obispo de París) y sus compañeros mártires. Por esta montaña pasaron muchos santos, entre ellos, San Ignacio de Loyola y San Francisco Javier, fundadores de los Jesuitas en 1534. Durante la Revolución Francesa, la gran Abadía benedictina que acá yacía, fue tomada y destruida, y las monjas fueron aguillotinadas.

La Basílica, al igual que todas las iglesias que visitamos, nos encantó. Paul Abadie ganó el concurso para su construcción, que fue realizada de 1875 a 1914.Tiene un estilo romano-bizantino, en contraste con el estilo gótico de las iglesias medievales como la de Notre Dame.


Al salir nos esperaban la lluvia y la ilusión de seguir conociendo París. Llegamos al hotel empapados, agarramos los bolsos, nuestros paraguas, hicimos el check-out y salimos nuevamente a recorrer la ciudad. Habíamos decidido ir al Louvre, previa parada en la Catedral de Notre Dame (Catedral de Nuestra Señora).


Nos tomamos el metro y nos bajamos en la estación de Pont Marie. Caminamos un par de cuadras, sacamos fotos bajo la lluvia, cruzamos el Sena y cuando estábamos llegando a nuestro destino, sucedió algo increíble: salió el sol!
No quiero caer pesada, pero debo insistir en que mi corazón quedará por siempre con el Duomo de Florencia, aunque Notre Dame tiene esa belleza artística de las iglesias de la Edad Media. Antes de su construcción, el local fue sede de varios cultos religiosos. Los celtas habían celebrado acá sus ceremonias y más tarde los romanos levantaron un templo de devoción al dios Júpiter. Fue también en este lugar donde, alrededor del año 528, se construyó la Basílica de Saint-Etienne, la primera iglesia cristiana de París. Finalmente, en 1163, se da impulso a la construcción de la catedral.


Con el bolso en mano, caminamos por el Sena hasta llegar al Museo del Louvre, sin faltarnos la parada en una plaza para comer sandwichitos y tarta de atún, traídos desde Italia. Este museo se encuentra en el palacio que lleva el mismo nombre, donde en el siglo XVIII se instalaron distintas academias luego de ser deshabitado por la familia real cuando se construyó el Palacio de Versalles. Comenzaron así las exposiciones anuales de la Academia de Pintura y Escultura. El Palacio del Louvre se abrió por primera vez como museo al público en 1793. Estuvo unido al Palacio de las Tullerías hasta 1870, año en que éste fue destruido junto con sus obras. La última remodelación fue la pirámide de cristal, diseñada por Ieoh Ming Pei y puerta de entrada desde 1989.

El Museo del Louvre contiene 300000 piezas, de las cuales sólo 350000 están expuestas al público. Son innumerables las colecciones que posee, entre ellas antigüedades orientales y egipcias, colecciones reales, un salón dedicado a Napoleón, la Venus de Milo, la famosísima Gioconda, etc, etc, eternamente etc…
Lo confieso, no terminé de recorrerlo. Era imposible!!

Salimos del museo y nos tomamos el metro hacia Porte Maillot, de donde saldría nuestro bus hacia el aeropuerto de Beauvais. No nos queríamos volver, así que decidimos bajarnos antes, cerca del Arco del Triunfo. Caminamos por la Champs Élysées, bailamos en la vereda con la música de las trompetas de un grupo que estaba tocando en la calle y nos subimos nuevamente al metro para continuar nuestro viaje.


De más está decirles que no se puede terminar de conocer París en 2 días y que sin lugar a dudas, volvería sin pensarlo.


Próximo finde, en casa. Hay que reponer fuerzas porque… se viene Roma!!!!!